Hada madrina


"Lo que se es que el que escribe, aunque sea un diario es porque quiere que alguien lo lea. Lo que se escribe permanece y por tanto, tarde o temprano alguien lo puede leer... si no, no dejaría constancia de sus pensamientos..."

Ha pasado algún tiempo, bueno, si extiendo la cuerda de los años quizá haya pasado demasiado, desde que empecé a escribir lo que para mi han sido siempre cosas sin importancia, palabras que no llevan a ningún sitio. Es obvio que que esas auto-opiniones sobre mi capacidad de expresión no son mas que el reflejo de una inseguridad que, aún no se porqué, sigue aferrada a mis tuétanos. Poco a poco voy rascando para arrancarla y utilizo el polvo que cae para enjuagarme las manos, el miedo, lentamente, las hará grandes y fuertes.

Hoy vino un hada madrina con su varita mágica y me regaló las palabritas que abren estas lineas. Su flor favorita las violetas, sobre todo si vienen en cajitas pequeñas y su risa, cuando se le escapa impetuosa a modo de estornudo, ¡siempre me hace perder la compostura!

La sentencia mágica

De repente una va leyendo y se encuentra con una frase que se cuela para adentro por una de esas rendijas que dejamos a medio cerrar en nuestras cabezas (por lo que pudiera pasar), y ahí que se instalan, pasando a formar parte de una colección de sentencias mágicas que nos acompañan. Para mi su magia reside en la sensación de trascendencia que a veces me proporcionan, haciéndome ver el mundo como un cúmulo desmesurado de hechos extraordinarios. Ahí van un par....


"Si no te ha sorprendido nada extraño durante el día, es que no ha habido día"

La leí hace días en un articulillo. parece que la solía decir un señor llamado John A. Wheeler, físico nuclear que dio nombre a los "agujeros negros" y a los "agujeros de gusano" (quiero obviar su participación en la creación de las primeras bombas atómicas...)


"Bajo el mundo real, existe un mundo ideal que se muestra resplandeciente a los ojos de aquellos que están acostumbrados a ver en las cosas más que las cosas"

Victor Hugo. Las Odas, 1822

Esta va dedicada. Aparece en un libro de una exposición que un personaje peculiar tuvo a bien regalarme. Solo una criatura que puede pasar horas observando el comportamiento intrínseco de los insectos, que lleva inscrito el "no se qué" de la vida en sus carnes, es capaz de comprender y valorar el absurdo movimiento del tiempo y las cosas.